"Desde que la creación tocó las puertas de la publicidad, trajo consigo una sensualidad distinta y por lo tanto, adicitiva que pocos reconocen. El creativo o creador, es considerado pieza indispensable en la difusión de material de promesas e ignorado como aquel cuyo destino natural fue la calología y que de pronto fue acorralado para imbuirlo en el trapicheo publicitario cuya compensación jamás será superada por el arte en sí mismo. Pero el creativo encontrará el pretexto ideal para aceptarlo "por mientras" y dejar que sus ideas fluyan en provecho de marcas y productos, mientras en su fuero interno va creciendo ese sentimiento de culpa propio de los que venden su cuerpo por unos cobres"